El poder de la mente: La depresión, identifica a tu enemigo, atácalo y véncelo

La depresión es un trastorno, un estado mental de total apatía y desánimo el cual te arrastran a conductas enfermizas. Lo considero como un castigo personal el cual te impones por alguna culpa que llevas cargando y no puedes liberar. Este peso te hace sentir insignificante, como que no lo puedes cargar más, y por más que intentas soportarlo, el peso te vence y te hunde una y otra vez. Yo atravesé una depresión continua durante muchos años, la cual no me dejó vivir tranquilo y desenvolverme como yo era. Tuve que identificar a mi enemigo, atacarlo y es así como lo vencí, y es así como tú puedes vencerlo también.

Existe una ley universal, yo no la inventé, te lo aseguro. Esta es la ley de la causa y efecto, la cual nos enseña que cada obra, palabra y pensamiento, por más insignificante que parezca tiene consecuencia en nuestra propia vida y en la de los demás, sea directa o indirectamente. Todo, absolutamente todo trae una consecuencia. Es por esto que el primer paso que debes tomar es aceptar tu responsabilidad sobre tu situación y tus acciones diarias, que no solamente te afectan a ti directamente, si no que también arrastras reacciones y creas situaciones que te perjudicaran aún mas.

Por mucho tiempo yo vivía culpando a los demás sobre mi depresión. Pensaba que los demás tenían mas culpa que yo sobre mi situación. Yo seguí viviendo mi vida “normal”, pero muy dolido y triste internamente, y el motivo de esto era una situación que me tocó afrontar a corta edad. Era esto que me hizo llevar un peso que no me dejó vivir en paz por mucho tiempo.

Esta experiencia fue la separación prolongada entre mi padre y yo, el me hizo mucha falta por mucho tiempo de mi niñez y adolescencia. Sus negocios y el divorcio con mi madre hicieron que me apartara más de él desde que tuve 11 años. Desde ese momento tuve que adaptarme a muchos cambios; mudarme a otra ciudad, ir a una nueva escuela, dejar a mis mejores amigos de infancia, e irme a un vecindario donde se me hizo imposible tener nuevos amigos. Pero, lo más duro de todo fue que no tuve esa figura paterna que sentía me hacia falta en esa etapa de mi vida. Debo aceptar y agradecer que siempre tuve una infancia feliz, a pesar de que nunca estuve muy seguro de mi mismo. Me dejaba llevar por los demás muy fácilmente y era muy carente de decisión. Lo sé, era solo un niño, pero mi autoestima era baja.

Los años siguieron pasando, llevando siempre ese resentimiento con mi padre, el cual se me hacia muy difícil descargar de mi. La culpa de la cual lo hacía responsable a él era mi miedo, mi temor a todo, mi falta de autoestima, de carisma, de expresión y mi depresión constante, mientras que mi padre siempre fue y es un hombre muy carismático, con personalidad y carácter. Yo siempre me preguntaba porque es que mi padre nunca me enseño a ser como él, cuando eso era lo único que deseaba.

Afortunadamente, aprendí y abrí los ojos a tiempo. Me di cuenta que el único que podía resolver y afrontar todos mis demonios era yo, nadie lo haría por mí. Nadie me dijo que al único que dañaba con mi actitud era a mi mismo, tuve que darme cuenta yo solo. Mi depresión llegó a un punto en que me encontré entre la vida y la muerte, si no enfrentaba a mi enemigo pues tarde o temprano me resignaría a dejarme morir.

Ocho años mas tarde, con unos tragos de más me atreví a llamar a mi padre para decirle que le amaba mucho. No recordaba la última vez que se lo había dicho, tal vez fue cuando niño. Y aunque ese fue un gran peso que me quité de encima, solo fue el comienzo de un proceso de perdón, no hacia mi padre, si no, hacia mí mismo, por el castigo continuo que arrastré todos estos años.

El día de hoy no le guardo el menor resentimiento a mi padre, mi amor por él sobrepasa cualquier otro obstáculo que se haya impuesto en el camino. Me tomó mucho tiempo y muchos golpes darme cuenta de esto. Por eso es que quiero motivarte a que tomes una decisión hoy mismo, y me refiero a que tomes acción (son sinónimos). Libérate de ese peso que cargas y perdónate a ti mismo por ese castigo, sea el que sea, que haz venido arrastrando. Empieza por…

  • Liberar tu carga – Empieza por descargar ese asunto que te perturba. Compártelo con quien debas hacerlo. Si es necesario habla en voz alta contigo mismo sobre ese peso que cargas.
  • Analiza tus emociones – Piensa sobre lo que sientes, y porque es que haz tomado esta reacción  sobre esta situación. ¿Es tu actitud necesaria?, ¿vale la pena?, ¿qué consigues?, ¿qué pierdes?.
  • Tomar responsabilidad – Acepta que el único responsable de tu situación eres tú, y que a pesar de situaciones externas que te hayan perjudicado, tu aún tienes el poder de aceptarlas y dejarlas, o correr y llevar el peso de ellas por el resto de tu vida.
  • Perdonar – Sea a quien sea que tengas que perdonar, aceptar perdón o dejar pasar una situación. Si eres tú esa persona, entonces rompe de una vez esa culpa y perdónate por el castigo que te impusiste.
  • Facilita la reconciliación – Acércate a esa persona y haz renacer la comunicación. Se sincero contigo mismo si esa persona eres tú.

Recuerda que el poder de la mente es infinito, y esta situación en la que has estado este tiempo solo te ha hecho ocultar la verdad sobre ti mismo. Es solo una trampa en la que caíste y de la que tu solo deberás salir. Hoy empieza tu nueva vida. No más castigos, ni resentimientos. Acepta cada situación que te haya tocado experimentar y esto hará que evoluciones a otro nivel de conciencia y espiritualidad.

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